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La crisis de fines del 2001 y la iniciación de un nuevo rumbo.
*Este capítulo ha tomado una gran parte del contenido de un
documento del autor titutlado "Autoconvocatoria de los Argentinos".
¿Qué nos pasa a los argentinos ?.
Lo que nos pasa es que estamos viviendo una situación social
y económica muy grave, no tenemos una explicación satisfactoria sobre la
misma, o mas bien nos hallamos divididos por enfoques muy diferentes sobre sus
causas, en medio de intereses sectoriales, nacionales y extranjeros
contradictorios, y tampoco poseemos una estrategia compartida para enfrentarla.
Campea por tanto una sensación de incertidumbre ante la falta de perspectivas
ciertas, de ansiedad por el deseo no satisfecho de superar la circunstancia, y
de dolor por los efectos perjudiciales que se sufren, con diferente intensidad
por todos los sectores.
Con la conciencia clara de la dificultad, hemos resuelto arriesgar una
definición personal, que implica no solo interpretar hechos objetivos que estan
en las circunstancias, sino que también dependen de las personas concretas que
los acontecimientos han ubicado en posiciones claves, a las cuales no conocemosy
que por tanto sus motivaciones debemos intuir para orientarnos en el devenir del
tiempo y de la historia. Una tarea llena de riesgos pero frente a la cual nos
parece mas inconsecuente permanecer a la espectativa sin tratar de influir al
menos con la opinión formulada con la mejor información e intención para
hacerlo en favor de los intereses comunes. Hecha esta salvedad desarrollamos a
continuación nuestro criterio.
Repitiendo conceptos desarrollados en este ensayo decimos que la Argeve, ntina
experimenta una grave crisis en el momento en que el mundo se encuentra en el
punto más alto del desarrollo económico alcanzado en toda su historia, aunque
recientemente aparece atenuado el fenomenal crecimiento de los últimos años.
Esta situación la definen los principales países de Europa Occidental,
América del Norte, Oceanía, Japón, China y otras potencias del Oriente. En el
caso de la América Latina, su evolución en general ha sido más favorable,
durante los últimos cincuenta años, que la de la República Argentina. Así
nuestro caso en las últimas décadas, de permanente retroceso relativo, es
excepcional y difícilmente explicable para un país de sus aptitudes y
potencialidades.
El atraso argentino tiene su causa en los conflictos sociales que se han
generado en nuestro país durante el siglo XX. Primero por un lado entre la
vieja clase proveniente de la conquista y la colonización - y cuyo último y
gran legado fue la Organización Nacional -, y el torrente inmigratorio, por el
otro, que alcanzó a representar el tercio de nuestra población total, y que
debía luchar por encontrar su lugar, aportando su aptitud para modernizar la
agricultura, la construcción, iniciar la industria y expandir el comercio,
compitiendo con los titulares de las posiciones ya ocupadas. Las luchas
sectoriales desplazaron el centro de atención de los grandes intereses
nacionales para sustituirlos por los de las partes y esto empequeñeció todo.
El segundo conflicto social fue mucho mas importante y fue planteado por nuestro
viejo y mayoritario pueblo latinoamericano. Este gran sector de la población
argentina nació también con la conquista y la colonización, fundó ciudades,
- incluida la segunda fundación de Buenos Aires, acompañando a los hijosdalgos
y soldados -, pobló la campaña, fue el brazo armado en la conquista del propio
territorio, en las disputas territoriales de la Colonia, en el rechazo de las
invasiones inglesas, en la epopeya de la Independencia, formó la montonera,
protestó con el Martín Fierro, nutrió el folclore incluido el tango, y se
presentó en la plaza de Mayo en octubre del 45, a exigir una justa mayor
participación.
Estos conflictos tuvieron su cuota de violencia, de desorden institucional, de
atraso económico e injusticia social, pero en la perspectiva de la historia
mundial, en general fueron un proceso de progresiva integración pacífica.
Sin embargo fueron responsables de hacernos perder por muchas décadas la
perspectiva de los intereses nacionales, ahogada por la defensa de las
parcialidades en las luchas sectoriales, lo que impidió que la Argentina
tuviera una estrategia nacional y que tejiera con los fuertes lazos de la unidad
nacional, el progreso argentino. .
En el fondo de la actual protesta nacional hay que ver, por encima de su
confusión y manifestaciones contradictorias, el propósito de recrear el sueño
americano, de una Argentina próspera, organizada, capaz de ofrecer nuevamente
un alto bienestar a su pueblo y la estructura de una gran Nación al mundo. Esta
es la cuna de una Nueva Argentina integrada, pacífica, ambiciosa y solidaria.
La experiencia de los seis últimos años del
ochenta.
A fines de la década del ochenta finalizaba el
Gobierno del Dr Raúl Alfonsín, primer presidente electo luego del
interregno militar de 1976/1983. Se trato de una experiencia política
iniciada con los mejores auspicios ya que ingenuamente se creía que
todos los males de la Argentina tendrían cura con el ejercicio pleno de
la democracia. Esta expectativa había impulsado toda la campaña del
presidente electo.
La clase política argentina no tenía mas proyecto que esta vaga
expectativa, y asumió sus responsabilidades sin conciencia de los
problemas reales del país y consecuentemente sin estrategia ni plan.
De esta forma al finalizar el mandato en 1989 todos los índices tanto
sociales como económicos no podían ser mas adversos a la gestión
cumplida. En efecto la evolución del PBI per cápita se había
contraído y consecuentemente los niveles de bienestar de la población.
En el último año la inflación que pareció contenida con el plan
Austral en 1986 se reanudo transformándose en una aguda hiperinflación
a partir de febrero de 1989, con índices de precios que se superaban el
50 % y hasta el 100 % mensual. Esto originó una situación de caos
social, con saqueos de supermercados y gran desorden social y
económico. La imposibilidad de dominar la situación provocó la
renuncia del Dr Alfonsín y la asunción anticipada del Dr Carlos S.
Menem.
El cambio de los años noventa. El fracaso de una
expereincia democrática y capitalista.
La experiencia argentina de los años noventa fué la
mas importante de Latinoamérica por muchos de sus aspectos. En primer
término porque se fundó en una transferencia de funciones del Estado
al sector privado que por su extensión no tenía ni tiene precedentes
en la región y muy pocos en el mundo. En efecto si bien hubo
transferencias importantes en Chile, México y Brasil, en ellos no se
transfirieron las empresas mas importantes como la explotación del
cobre o la del petróleo. En la Argentina sólo la actividad de algunos
grandes bancos oficiales, y la actividad de las centrales nucleares,
todo lo demás se ha privatizado en el campo de las actividades
comerciales, industriales o de servicios, tanto las que había asumido
el Estado a fines de la década del 40 y otras más como la del
petróleo, que siempre estuvo representado por una empresa estatal sin
perjuicio de empresas privadas. A la privatización de las empresas
publicas siguió la venta de muy importantes empresas privadas a
capitales extranjeros
Todo esto dentro de una desregulación de la economía que implicaba la
extensión de la economía de mercado a todas las actividades, y una
marcada apertura al comercio mundial, que fué muy acentuada por obra de
la sobrevalorizacion monetaria mas que por el descenso de los derechos
aduaneros.
Por otra parte esta transformación se cumplíó con la práctica
democrática más efectiva de Latinoamérica, porque aquí no existía
la estructura del partido único característica de Mexico, ni teníamos
las limitaciones que al gobierno de las mayorías populares en Chile
había introducido la constitución sancionada por Pinochet, ni la mucho
mas baja participación popular en las elecciones del Brasil.
Evidentemente nuestra democrcia con el voto secreto y obligatorio, sin
exclusiones, de la totalidad de la población adulta, que concurre a
ejercitar su derecho a las urnas, en un 85 %, - es la democracia
efectiva no ya de Latinoamérica sino de América, es decir sin excluír
a los EEUU y Canadá, donde solo concurre a votar la población adulta
en un 50 % en el primero y alrededor del 65 % en el segundo.
Esta es la trascendencia del ensayo de los años noventa. Se trató de
la experiencia capitalista más importante por el nivel de intensidad,
sobre la base de grandes inversiones extranjeras y nacionales, en los
sectores básicos de la economía, con estabilidad monetaria y
desregulación económica, acompañado con la vigencia de una democracia
efectiva sin parangón por el grado de participación popular.
El proceso contrario en el campo económico se había iniciado en la
Argentina hacía 45 años antes, - estatizaciones, regulación de todas
las actividades e inflación - por el mismo partido que ahora lo
revisaba todo.
El nuevo Presidente siguiendo su instinto, los consejos recibidos de
todos los líderes europeos de origen socialista con los que trataba y
la lamentable experiencia de todos los populismos en la Argentina,
resolvió operar un gran cambio, consistente en adoptar una
trasformación de inspiración liberal en la economía fundada en cuatro
pilares: la estabilidad monetaria, la privatización de los servicios
públicos, la desregulación de la economía interna, y la apertura
económica.
Dado los antecedentes políticos del Presidente y de su partido fué un
cambio realmente sensacional. Superada la transición de los años 1989
y 1990, el crecimeinto de todos los indices de la economía le fueron
notablemente favorables, tanto la estabilidad sostenida de los precios,
el crecimiento del PBI general y pér capita, de la inversión nacional
y extranjera, el consumo, el nivel de los salarios o la reduccion de
pobreza, en fín todo indicaba que la Argentina había acertado en el
rumbo y el Ministro de Economía Dr. Felipe Cavallo se proyectaba como
un futuro Premio Nobel de Economía. .
El acompañamiento internacional fué realmente excepcional por cuanto
la venta de las empresas públicas significó para los grandes capitales
la oportunidad de acceder a nuevos negocios muy ventajosos porque la
mayoría se fundaban en la explotación de monopolios naturales,
realizando desembolsos mínimos pero de cualquier manera significativos,
del orden del 35.000 millones de dólares, adquiriéndose negocios muy
rentables, en los que se establecieron tarifas muy altas.
Como la situación social mejoró los éxitos políticos del partido
gobernante se sucedieron sin sorpresas, desde 1991 a 1994, pero el
vencimiento del mandato presidencial estaba constitucionalmente previsto
para fines de 1995 al término de seis años de gobierno. Para permitir
la reelección presidencial era necesario la reforma de la
Constitución. El Dr. Carlos Menem midió los riesgos y se lanzó a este
logro que le permitiría prolongar su mandato por lo menos por cuatro
años mas, si se acortaba el período de seis años a cuatro años. Las
encuestas le eran favorables, habiéndose ampliado las bases polítícas
del peronismo que de la clase obrera se extendían ahora hasta
comprender gran parte de la clase media y alta. A esto se agregó una
astuta especulación del jefe del partido opositor mas importante el Dr.
Raúl Alfonsín, quien frente al triunfo previsible del peronismo,
resolvió proponer un proyecto de reforma sostenido por ambos partidos,
en un raro caso de utilitarismo político, de cual resultaban la
apertura a la reelección presidencial para el oficialismo pero al mismo
tiempo mayor poder para la oposición Se consagró la partidocracia que
iba a tener después costos finales importantes para sus beneficiarios.
Los vicios fundamentales de la convertibilidad.
El sistema tenía sin embargo vicios fundamentales
que se derivaban básicamente de un sistema de precios totalmente
contrarios al desarrollo de la economía argentina, porque desestimulaba
la producción exportable y la sustitutiva de importaciones, es decir de
los grandes sectores de la economía la exportación agroindustrial y la
produccion industrial dedicada al mercado interno, todo por obra de la
sobrevaluación monetaria. .
Pero además se cometieron grandes omisiones o errores en el campo
institucional, en la organización social, en el orden cultural y en el
nivel ético que presidieron todas las negociaciones, cuyas
consecuencias finales no fueron advertidos originariamente.
El fracaso de la experiencia argentina debe quedar como el ejemplo de lo
que no se debe hacer en un país emergente, si se quiere alcanzar un
capitalismo creciente combinado con una democracia muy participativa
pero con débiles sistemas institucionales, sociales, políticos y
culturales.
La debilidad oculta de la economía se percibió claramente en el año
1995, cuando después de la crisis de México, la expectativa de los
mercados se volcó contra la Argentina, porque se percibía que su
economía tenía fallas sustanciales, porque generaba una creciente
deuda externa, sin un paralelo y proporcional crecimiento de las
exportaciones, y en el orden interno daba lugar un crecimiento acelerado
de la desocupación. Es decir proyectados a mediano plazo estos defectos
no permitirían el pago de la deuda externa, con lo que se caminaba
hacia el default de las obligaciones y en el orden interno, se podía
avisorar un descenso de los salarios, y el crecimiento de los indices de
pobreza, con lo cual el modelo se volvía inviable social y
políticamente.
El tema fué explicado y proyectado con manifiesta claridad por un
economista argentino, Eduardo Conessa, en su libro "La Crisis del
93". En su origen había sido advertido por el ex Ministro de
Economía de Chile Hernán Büchi y con posterioridad por otros como
Milton Friedman, y Paul Krugman. * . Progresivamente se fue ampliando el
círculo de los críticos de la convertibilidad: Eduardo Curia, Adolfo
Buscaglia, Alvaro Alzogaray, Marcelo Lascano, Hector Valle, Carlos
Lanusse, Walter Graciano, Gonzalez Fraga, etc. Los profesores de la
Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires,
elaboraron como plan alternativo el Plan Fénix en el 2001.
Pero los intereses eran enormes del lado de la defensa del sistema, por
lo que todo se movilizó para realizar la mas formidable campaña de
desinformación que se haya visto en la Argentina, a través de estudios
de los principales institutos de investigación privados, generalmente
fundaciones sostenidas por las empresas favorecidas, los medios de
comunicación e información escritos, radiales y televisivos,
alimentados por la publicidad de las mismas empresas, y el apoyo
externo, a través de la visita de los principales académicos de
economía del mundo, pagados por el gobierno argentino y/o las empresas
beneficiarias, mas la opinión laudataria de los gobiernos extranjeros.
Desde el punto de vista social, el sistema no dolarizaba los salarios,
pero sí las obligaciones de toda la población, a través de la
progresiva dolarización de los préstamos bancarios, de los saldos de
las tarjetas de crédito, y de la mayor parte de los contratos como los
de campraventa, alquileres, provision de insumos, etc. Así los salarios
sufrieron progresivamente reducciones importantes, es decir en dolares
se devaluaron en forma general por mas del 20 % en el sector privado, a
partir de 1998 cuando se percibió que el retroceso económico era una
tendencia estructural. Progresivamente esa reducción llego también a
los salarios del sector público.
El ahorro argentino en los bancos por casi 80.000 mil millones de
dolares también estaba dolarizado, en más del 50 % aunque por los
depósitos en dolares, se pagaba la mitad de la tasa de interés que por
los depósitos en pesos.
La defensa de la dolarización en la sociedad no se fundaba en la
defensa de salarios en dolares que nadie percibía, sino en el temor de
una devaluación por el mayor endeudamiento en pesos que la misma
significaría. Era una defensa del sistema por temor y no por amor pero
igualmente muy eficaz. Resultaba inútil que todo el mundo percibiera
desde afuera que el sistema no se podía mantener, por que el pueblo
bajo un esquema de alternativas muy cerradas había perdido la libertad
de elegir. Sólo la evolución del deterioro económico podía corregir
el sistema.
* Nosotros estuvimos entre estos
críticos por que además de la perdida de la atribución constitucional
de regular la política monetaria, la convertibilidad tenía el mismo
defecto básico que el de "La Tablita" de Martinez de Hoz, al
sobrevaluar fuertemente la moneda nacional ( Ver Nuevas Bases ed. GEL
1995 de Mario Cadenas Madariaga; El Pensamiento y la Propuesta de Cambio
de los Conservadores, diciembre de 1995, redactado por el autor.)
El acuerdo básico de los partidos y las grandes
corporaciones que sustentan la democracia actual en la Europa Occidental
y en menor medida en los EEUU y Canadá.
Este es un tema fundamental para el gobierno de las
democracias occidentales. Se trata de un verdadero pacto
socio-económico, en virtud del cual la clase política obtiene
condiciones sociales progresivamente mejores para los sectores mas
amplios de la población como condición de su éxito electoral, y las
grandes corporaciones obtienen condiciones fiscales e institucionales
que le permitían desenvolver y expandir sus actividades y sus rentas.
Este pacto no publicitado es sin embargo la base del acuerdo entre la
conducción empresaria y la dirección de los partidos socialistas y
conservadores y se renueva con el que resulta vencedor en las
elecciones. Desde el punto de vista partidario es neutro para las
empresas y comprende a las dos conducciones políticas que se alternan
en el poder. Las diferencias entre los partidos socialistas y
conservadores, es que los primeros tienden a favorecer los planes mas
distributivos, y los segundos los planes mas favorables al crecimiento
del ahorro y la inversión.
Pero la condición previa y general que todos deben respetar es que el
funcionamiento del sistema produzca utilidades que alcancen tanto para
el mejoramiento social como para el incremento de los dividendos y las
inversiones empresarias.
La base del acuerdo es por tanto un plan de desarrollo serio y bien
fundado, porque si no hay crecimiento general en un nivel aceptable y
bien distribuído, no hay desarrollo empresario ni éxitos electorales.
Este pacto político empresarial existió en la Argentina, desde el
principio de la asunción del Presidente Carlos Menem hasta el año
1995. Después comenzó a resquebrajarse, con el respiro de los años
1996/7, entrando en una definida recesión a partir de 1998. Pero en
realidad siempre le faltó la base de un plan básico bien concebido.
Las diferencias entre los planes europeos y el
plan de convertibilidad argentino.
La diferencia fundamental entre el caso argentino y
el de las democracias europeas, se debe a que la concepción básica
sobre la que se edificaba el acuerdo argentino era inviable, es decir
respondía a premisas equivocadas, fruto de la incultura de la clase
dirigente argentina, política, empresaria y profesional. Es muy
importante destacar la importancia de la responsabilidad en los errores
cometidos por esta última es decir por los economistas y abogados,
pertenecientes a las grandes consultoras y estudios jurídicos, sumados
a fundaciones e institutos de investigación porque sus titulares fueron
los redactores de los planes, y de las normas que constituyeron el
régimen en aplicación en representación de las empresas y del
gobierno. Constituían además los analistas que seguían la aplicación
del sistema y debían indicar las correcciones que se debían
introducir. Eran la guardia pretoriana intelectual del sistema.
Fracasaron totalmente.
La diferencia entre la clase política y empresaria comenzó cuando el
crecimiento económico recuperado en los años 1996 y 1997 se paralizó
desde el segundo semestre de 1998. A partir del estancamiento económico
comenzaron a faltar los dividendos sociales y empresarios que
alimentaban la alianza político-empresaria que gobernaba, y nacieron
las inculpaciones, que se sostenían públicamente por la parte
empresaria y sus profesionales a través de programas televisivos, en
una gran campaña de prensa que comprendió a los grandes diarios,
investigaciones y congresos sectoriales. Por la parte política la
reacción estuvo representada en el oficialismo y la oposición por
sectores de importancia creciente que denunciaban el sistema al que se
le llamó el modelo precisamente porque no conformaba a las bases
sociales quienes sufrían la desocupación y la reducción de los
salarios. La clase política para atenuar los efectos de esta recesión
aumentó el gasto público y para ello se endeudó y aumentó los
impuestos. El sistema ya no conciliaba los intereses de la clase
política y empresaria, y hacía que cada vez fueran mas distantes sus
actitudes. La razón sin embargo se hallaba en el fracaso del sistema en
aplicación.
Lamentablemente así como había faltado capacidad para concebir un plan
correcto originariamente a principios del 1991, así también faltó
capacidad para introducir las correcciones necesarias durante los casi
once años de su aplicación. Es la prueba de que la clase dirigente
política, empresaria y profesional responsable de la conducción estuvo
por debajo de su responsabilidad.
El centro de la crítica del sector empresario se focalizó en las
fallas del sector público, comenzando por el exceso del gasto y
siguiendo por su ineficiencia general. Era una crítica sustancialmente
injusta porque era sostenida por quienes idearon y aplicaron el sistema
que llevaba a la desocupación, y por tanto alimentaba el gasto público
como única forma de compensar sus defectos políticos. La reducción
del gasto llevaría a una mayor contracción económica y lógicamente a
agravar el problema social, dificultado el resultado electoral necesario
para la clase política. Por tanto era imposible que la clase política
lo aceptara, sin suicidarse.
Se fortaleció y unifico la oposición y se
dividió el oficialismo.
La oposición formada por el radicalismo y el
Frepaso, aunque tenían diferencias ideológicas y orígenes muy
diferentes, con contribuciones importantes de la izquierda y del
peronismo en el segundo, ambos respondían a un electorado
preferentemente de clase media, y la ambición de llegar al poder hizo
subordinar todo a este objetivo. La cuestión esencial era determinar
cuanto de cambio debía llevar su propuesta, y toda la dirección tuvo
conteste en que debía ser mínima porque en principio la sociedad
deseaba un cambio pero no reformas sustanciales, según las encuestas,
ya que no había pensamiento político para entender el fondo del
problema argentino.
Una definición muy importante la debieron tomar al elegir el candidato
presidencial, campaña en la que resultó elegido el político de
personalidad menos atrevida, el que garantizaba los menores cambios,
como expresión de una sociedad que no tenía conciencia de cuan
profundos eran sus defectos estructurales. Así resultó elegido el Dr
Fernando De la Rúa que venía de presidir un gobierno de orden en la
Ciudad de Buenos Aires, el distrito mas rico del país y por tanto el
mas fácil de gobernar.
El inició del gobierno fué otro paso claramente definitorio. Se
trataba de proyectar los planes del nuevo gobierno y de realizar un
balance crítico de la herencia recibida. Todo se redujo a una cuestión
técnica sobre el monto del déficit del presupuesto discutiéndose si
era de 6.000 millones o si alcanzaba a 10.000 mil millones como decía
el nuevo Ministro de Economía. Es decir toda la cuestión se reducía a
si el déficit era el 2 % o el 3 % del PBI. Evidentemente el nuevo
gobierno no sabía, como la sociedad en su conjunto, cuales eran los
problemas argentinos. Se ratificaba así el déficit de la clase
dirigente, política, empresaria y profesional.
Un Presidente sin carácter ni pensamiento
asistido por el autor de la convertibilidad, - el programa fallido -.
Si algunas notas de carácter se requieren en
cualquier conductor, en tiempos de crisis, es la de tener condiciones de
mando para adoptar rápidas decisiones agregado a la capacidad para
acertar en la dirección adecuada.
El Dr De la Rúa es el político con menos personalidad que se recuerde
en el orden nacional, siendo posiblemente su nota sobresaliente la de
navegar con natural desenvoltura en el suave oleaje de las ideas
generales y de los lugares comunes aceptados por todos. Así con esta
característica ha sido el político de mas éxito en el distrito de la
Capital Federal, en los últimos treinta años, no siendo porteño. La
mayoría se ha sentido siempre cómoda junto a él y segura de no ser
sorprendida.
La profundidad de la crisis determinó que este Presidente recurriera a
la colaboración del hombre público mas decidido que se ha conocido en
el país en los últimos años, Domingo Cavallo, y en el puesto clave de
Ministro de Economía. El gravísimo error consistió que este
especialista no había percibido los errores de su programa de diez
años atrás, y todas las alternativas que ideó fueron equivocadas.
Su programa se construyó sobre la base de tres ideas. La primera fué
corregir el déficit fiscal con un impuesto que no afectara a la clase
media ni a las de menores recursos, y le produjera los ingresos fiscales
necesarios. Fué el impuesto al cheque. La segunda idea fue la
renegociación de la deuda externa de manera de reducir las erogaciones
por intereses y amortizaciones en el año en curso y los primeros del
futuro. La tercera fué impulsar el crecimiento mediante incentivos
fiscales de gran magnitud.
Lo que Cavallo no percibió es que la convertibilidad se hallaba en una
etapa terminal, y que el único programa lógico era encarar su salida.
El tuvo la opinión de los mas grandes especialistas y consultoras del
exterior que le recomendaban ir a la flotación del peso. Debía como
ninguno estar informado de la perdida de depósitos y divisas de que
eran victima el sistema financiero y el Banco Central. Debía saber el
efecto de esto sobre la economía y en particular sobre la recaudación.
Estaba informado de la caída de las contribuciones una vez que hubo
avanzado el fenómeno. La última decisión importante fué la
iniciación del corralito.
Políticamente tuvo posiblemente un sólo momento para triunfar y fué
al asumir inmediatamente después del impuesto al cheque, y antes de la
muy desafortunada renegociación de la deuda. Posiblemente necesitaba
otro Presidente, pero si lo hubiere intentado no hubiere fracasado.
La fuga de mas de 20 mil millones de dólares de depósitos, y la
reducción de una cantidad parecida de las reservas, determinó la
protección del sistema financiero a través del corralito. Pero estos
tres fenómenos provocaban en la actividad económica un efecto
contractivo creciente que no se podía reducir sino que se agravaba, por
lo que el deterioro originó una multiplicación de las protestas y esto
llevó al estado de sitio. La represión y 26 muertos en todos el país
dieron inicio a la crisis que provocaría en un rápido desenlace a la
renuncia del Presidente De la Rúa.
La propuesta innovadora quedó en manos del
candidato derrotado del peronismo.
El peronismo o sea el oficialismo concurrió dividido
a la campaña del 99. Por una parte era el autor de todo lo realizado
tanto en el orden nacional como en la mayoría de las provincias, pero
por otra parte sabía que sus huestes, la mayor parte del pueblo de
menores recursos, se encontraba en una situación cada vez mas
desfavorable, golpeado por la desocupación y la baja de los salarios.
Sumado a esta profunda contradicción entre la responsabilidad del
gobierno ejercido y sus resultados, se agregaba una profunda rivalidad
personal entre el candidato presidencial y el presidente saliente,
derivado entre otras cosas de haber pretendido la misma candidatura..
Pero la diferencia fué progresivamente mayor. Duhalde como candidato
presidencial con la responsabilidad de la campaña sobre sus espaldas,
debió optar entre la defensa y la crítica a su propio gobierno,
naturalmente expresamente referida al Gobierno Nacional y así lo hizo.
El peronismo bonaerense no obstante asentarse en la provincia mas rica
del país, debía discrepar, por fidelidad a los 14 millones de
habitantes que formaban su población y en particular a sus segmentos
mas pobres que eran su clientela, la que no obstante su PBI superior a
los 100 mil millones de dólares, no podía mantener los niveles de
empleo y de ingresos de años anteriores.
Esto implicaba una incoherencia que habría de perjudicar su campaña en
1999, pero habría de producirle altos réditos después, abriéndole en
definitiva el camino de la Presidencia de la Nación en el 2002. Esta
estrategia despertó recelos sospechándose que su crítica al modelo,
parecía resucitar el viejo peronismo de los años cuarenta. Bien
leídos sus discursos no llevaban a esta conclusión sino que eran
sostenidas por rechazo a una realidad social tipificada por la
desocupación y la caída de los salarios, pero había intereses
importantes a favor de estas simplificaciones que se usan frecuentemente
en política.
En realidad Duhalde ni su equipo no había elaborado una alternativa
teórica sustitutiva de la política vigente, sino que era un crítico
del peso de la deuda, y de las lamentables condiciones sociales que iban
predominando. Pero no tenían una estrategia diseñada para reemplazar
el sistema de la convertibilidad. Pero en el orden político visualizó
bien la necesidad de un acuerdo político muy amplio como sustento de la
gobernabilidad del sistema entre la mayor parte de las fuerzas
políticas, que le iba permitir después un amplio consenso en la
Asamblea Lelgislativa.
El acierto de su campaña Duhalde la confirmó claramente el 14 de
octubre del 2001, cuando fué elegido senador nacional por la provincia
de Buenos Aires, por un amplio margen de votos, sobre los demás
candidatos, del radicalismo o el centro izquierda. Fué confirmado como
el político de mayor peso electoral, aunque había crecido notablemente
el voto en blanco, anulado, y el ausentismo electoral. Pero este sector
de la opinión que demuestra su oposición en esta forma, y no es capaz
de organizarse ni de expresar un pensamiento político coherente, no
puede gobernar porque es pura negación, y la acción política, como
cualquier, otra demanda actitudes postivas.
En la alternativa política se hallaba el nuevo partido organizado por
la ex diputada radical Liliana Carrió, que en las encuestas aparece con
una imagen muy positiva. Su formidable irrupción en la direccion de la
política nacional responde a un cuestionamiento muy amplio y severo de
la complicidad entre la conducción política y empresaria, respecto de
una generalizada corrupción, que coincide con una impresión
gneralizada en la opinión pública. Se trata de un movimiento que tiene
semejanzas múltiples con las de las "manos limpias" en
Italia, y que en ese país motivó el desplazamiento de la democracia
cristiana y del socialismo del gobierno, es decir dió lugar a una
renovación muy amplia. Pero en la misma forma como en Italia dicho
movimiento no llevó al Gobierno al famoso fiscal Di Pietro autor de la
renovación institucional, sino que esta se canalizó en función de
otros intereses sociales, y políticos e institucionales, una vez
cumplida la exclusión de la dirección cuestionada, puede suceder entre
nosotros que la renovación tenga lugar, y en realidad ha comenzado con
la de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, pero en defintiva la
política se canaliza en función de otros intereses que son
predominantes. Es decir la Argentina es un país que sufre una
contracción del 20 % del nivel de ventas en sus sectores mas
importantes, - con relación a un año atrás cuando la economía se
hallaba en contracción-, y en algunos sectores como el automotriz mucho
mas alto aún, y consecuentmente con problemas sociales por el nivel de
desocupación ( 20 %), de pobreza ( 40 %) y de indigencia (20 %), y
consecuentmente con caída continua en la recaudación, más la
paralización de sus sistema financiero, por lo que las investigaciones
se realizaran con amplio consenso, pero los fenómenos sociales y
políticos predominantes son otros, y estos guiaran los acontecimientos
mas importantes. Por lo demas en los resultados electorales obtenidos
por el ARI, si bien son miuy signficativos, la conducción predominante
se hallaba en manos del justicialismo según los resultados de las
elecciones de octubre de2001.
Por estas consideraciones cuando los acontecimientos se precipitan en
diciembre del 2001, la eleccion del Presidente Provisional, recae sobre
el político mas votado en octubre, Eduardo Duhalde, con el discurso
más crítico de la política económica nacional y una propuesta de
gobierno provisional por dos años, fundado en una amplia alianza de las
fuerzas mas importantes.
Un breve interinato a cargo de Rodriguez Saá
trajo al Gobierno, inmediatamente después, a la figura del político
mas votado y de la fuerza política mas representativa en las elecciones
de octubre del 2001.
El desconcierto producido por la renuncia del
Presidente Dela Rúa, la falta de previsión de una circunstancia tan
grave y la cortedad de los plazos para resolverla, dió origen a una
salida insustentable: la elección del Gobernador Rodríguez Sáa como
Presidente de la Nación.
Representante de una provincia de 360 mil habitantes, sin una
preparación previa para asumir la tamaña responsabilidad de la
conducción de la Nación, sin cuadros adecuados de colaboradores, sin
un consenso claro de parte de todos los gobernadores y las principales
fuerzas políticas, sobre un programa a desarrollar en 60 días
cruciales, en definitiva determino lo que debía suceder, que fué una
segunda renuncia en el termino de siete días.
Ante tamaña acefalía toda la clase política dirigió sus miradas
hacia el único candidato existente, Eduardo Duhalde, por ser el
político mas votado, y el que había denunciado mas claramente el
fracaso del modelo.
Al producirse la segunda crisis por renuncia de Rodríguez Saa el país
toma conciencia que se debe tomar una decisión que de estabilidad por
dos años mínimos, por que la crisis no espera ni permite distracciones
electorales. En definitiva Eduardo Duhalde es elegido por dos años
hasta el 10 de diciembre del 2003, con el apoyo del 84 % de la Asamblea
Legislativa. Ha gobernado el 40 % de la población del país durante
ocho años, y lo ha hecho bien excepto en los dos últimos años en que
el deterioro de la situación económica general le produjeron cifras
adversas en el presupuesto de la provincia de Buenos Aires y en la
situación social de su población. |