La decadencia argentina o las perturbaciones del siglo XX.

La Argentina en el siglo XX sufre un proceso de verdadera decadencia si se compara su posición en el mundo por sus ingresos per capita o por la importancia de sus exportaciones, entre la época del Centenario o de fines de los años 30 y los finales de este siglo como ya lo hemos dicho.
El formidable progreso económico de la segunda mitad del siglo XIX y primeras décadas del XX, resultó del proyecto nacional de la Organización, republicano y aristocrátizante, conducido por una minoría ilustrada, con ideas liberales en materia política y económica, construido sobre una estructura social, desigual e injusta, que provenía de la Colonia.
Este proyecto en su carácter nacional estaba impulsado y definido por su temática que era la organización de la Nación y del Estado, la Constitución y la unificación nacional, la ocupación efectiva de todo el territorio nacional, y la solución de los grandes problemas como el de la navegación de los ríos, la nacionalización de las rentas de aduana, la formación de las Fuerzas Armadas, la federalización de Buenos Aires, la Guerra del Paraguay, la sanción de la legislación de fondo.
Dentro del proyecto de la Organización se hallaba la igualdad política y jurídica de toda la población que resulto de la legislación civil, comercial, procesal y penal dictada, innovando profundamente sobre la Colonia fundada en las encomiendas, la esclavitud y los fueros personales. Posteriormente aprobó la legislación electoral mas avanzada de su época. Pero la igualdad jurídica y política no equivale a igualdad social y económica, y esta desigualdad era lo que originaría su derrota.
En el orden social la reforma trascendental fue el cambio operado por la inmigración. La antigua sociedad formada por dos estratos bien diferenciados se convirtió en una sociedad dividida en tres segmentos.
La inmigración fue la que desde el principio comenzó a competir para ocupar posiciones en el comercio, la industria, la agricultura - por encima de la condición de aparcero en la que se había iniciado -. Estas exigencias de la inmigración eran resultado de su incorporación a los principios de la Constitución Argentina y no tenían ninguna relación con las enormes desigualdades que formaban su experiencia en sus países de origen. La sanción de la ley Saenz Peña y la importancia numérica de la inmigración que representaba el 50 % de la población en el centro del país a principios del siglo XIX , produjo el desplazamiento de la vieja clase y el final del proyecto de la Organización Nacional.
El nuevo proyecto representaría la ambición de la inmigración por su mejoramiento, en un país que le había abierto todas las posibilidades sobre bases de igualdad, persiguiendo la ocupación de todas las posiciones a expensas de la vieja clase, como no podía ser de otra manera. Las ventajas de los hijos de la inmigración sobre la vieja clase era su mayor número, - por la escasa participación hasta ese momento, de la clase obrera -, y su mayor aptitud para el ejercicio del comercio, la industria, la construcción y la agricultura. Este cambio no importó por tanto la discusión de los principios que inspiraban la organización económica hasta ese momento, sino que fue una lucha por el predominio político y de posiciones económicas.
En esta puja se usaron recursos arbitrarios en particular en el campo político, como lo fueron las intervenciones para anular el éxito electoral de los conservadores en algunas provincias, y el fraude electoral que se usó por ambas partes. Entre los conflictos de la época el mas representativo fue el que se dio entre los propietarios criollos y los aparceros inmigrantes, es decir alrededor del régimen de la tierra y su origen puede identificarse en el Grito de Alcorta. Una filiación análoga pero menos clara en cuanto al origen social de los protagonistas tuvo el conflicto entre los pequeños ganaderos y los grandes invernadores aliados a la industria frigorífica, por la diferencia de precios que se pagaban a unos y otros, lo que iba a llevar a la creación de la Corporación Argentina de Productores de Carne, y de las Juntas de Carnes y de Granos.
La gran diferencia entre el viejo proyecto de la Organización Nacional y el nuevo era que este último perseguía en definitiva la apertura para la inmigración, desapareciendo la concepción nacional para ser sustituída por un proyecto sectorial.
La segunda transformación social del siglo XX liderada por el Coronel Perón fue mucho mas importante como cambio general de la sociedad que la producida por la inmigración. En primer término porque implicó la abrupta aparición del elemento mestizo como sector social predominante, debidamente organizado y concientizado sobre sus derechos y su fuerza, con la clara determinación de ejercerlos. Este sector traía una impronta cultural diferente a la inmigración, ya que tenían trescientos años de historia en América compartida con la clase criolla. Eran los descendientes de los hijos de la tierra, de los pobladores de la campaña inmensa hasta la generalización del alambrado, de los soldados de la independencia, de la montonera, de los gauchos. Desde su origen tuvieron una clara diferenciación con los indios, como que eran hijos de los colonizadores, ya reconocida por el Concejo de Indias en la Colonia. Nunca conocieron la esclavitud ni la encomienda, la mita o el yanaconazgo, pero no habían tenido acceso a la función pública en los cabildos, ni al comercio, las profesiones o la educación, es decir poseían un estatus claramente inferior a la de los criollos es decir de los hijos de españoles. En el siglo XX eran los trabajadores del campo, los pobladores de los suburbios pobres de las grandes ciudades, los trabajadores de los ingenios, de la industria frigorífica, y en general los proveedores de la mano de obra no calificada o de escasa calificación.
Trajeron el predominio del folclore y en un principio se aliaron a los grupos intelectuales mas tradicionalistas, de la antigua tradición española, antiliberal y revisionista de la historia oficial, que ejerció en un principio una suerte de conducción consentida, pero después se afirmaron en sus propios representantes. Estos grupos se movilizaron según su punto de vista contra una Argentina oligárquica, latifundista, aliada a los capitales extranjeros, usufructuaria de altas rentas, con formas de vida lujosa, afrancesada y anglicanizada en sus gustos y maneras, desde su punto de vista. Naturalmente exigieron y tuvieron mas altos salarios y mejores condiciones de trabajo, sin reconocer los límites que permitía la productividad, modificaron la política monetaria porque su ortodoxia limitaba la política distribucionista, se gastaron las reservas acumuladas durante la guerra, abrieron las puertas de la administración pública al empleo, protegieron las industrias con créditos, subsidios y altos aranceles, y terminaron estatizando todos los servicios públicos y regulando la economía, con la ilusión de que se la podía manejar arbitrariamente, sin respetar sus leyes. Era un movimiento auténticamente argentino, no marxista, lo que hacía de difícil explicación en los movimientos sociales de la época.
En realidad su esencia era su antigua tradición, de trescientos años, formada en la campaña Argentina, sin necesidad de trabajar, viviendo con el producido de las vaquerías no autorizadas, con austeridad, construyendo su propio rancho, y eligiendo su mujer para unirse sin casamiento, y vivir libremente, sin reconocer el dominio de la ley ni la autoridad de los gobernantes. Los principales rasgos del pueblo argentino vienen de esa época y perduran hasta la fecha. La transformación significa la incorporación de esa sociedad a la cultura del trabajo, del orden, de las jerarquías, de la productividad, fundado en un anhelo de mejoramiento, el dominio de la tecnología, las ciencias y las artes.
Su claro propósito de dominio político lo expresó con la función cumplida a su servicio por el Ministerio de Trabajo, los jueces del fuero laboral, poderosos sindicatos y la mayoría en el Congreso. Ningún país latinoamericano ha tenido una experiencia como esta porque si bien la revolución mexicana de 1917 se hizo por sectores análogos dentro de su estructura social, no lo hicieron en medio de una democracia efectiva, sino sobre la estructura de un Estado monolítico, que dominaba al campesinado, a pesar de la reforma agraria, y a toda la sociedad, sin reconocer libertades ni derechos.
Este formidable movimiento no podía tener una concepción nacional porque estaba demasiado preocupado por la imposición de las reformas en favor de sí mismo. Obtuvo los mas altos salarios que se pagaron en la segunda mitad del siglo XX, una modificación importante en la distribución del ingreso nacional en favor de los sectores de menores recursos y una amplia seguridad social, pero no tuvieron un proyecto que hiciera compatibles estas reformas con el progreso económico, para darle continuidad a lo que habían logrado. No se dieron cuenta que para ello era necesario un proyecto de desarrollo nacional y cultural, creyendo que con la reivindicación de los derechos de su sector se daría todo por añadidura, dada la riqueza de los recursos argentinos.
Las intervenciones militares fueron la expresión de estas grandes pujas sectoriales porque los sectores afectados buscaron en los cuarteles la solución de sus conflictos que no lo podían lograr dentro del funcionamiento regular de las instituciones. Por eso las intervenciones militares trataron de romper el equilibrio político vigente - 1930,1943, 1955 - o la amenaza de su interrupción - 1962 1966 -, o interrumpieron para poner fin a una grave amenaza de subversión armada (1976). Constituyen una prueba de un funcionamiento muy imperfecto de la república democrática. En el anterior período de 1860 a 1916 hubo varios y muy graves sublevaciones militares - 1870,1874,1880,1890,1993 y 1905 - pero siempre predominó la fuerza de las instituciones.
A fines del siglo XX el problema de la inmigración europea ha desaparecido porque sus descendientes han ocupado todos los lugares que podían ocupar y porque ya no ingresan nuevos grupos provenientes de Europa. Los hijos de los antiguos inmigrantes constituyen la mayor parte de la clase media y de altos ingresos pero con sorpresa observan que la Argentina ya no es uno de los países mas ricos, sufriendo en este momento una gran recesión. Asimismo la clase obrera en sus planteos tradicionales ha sido superada por la economía de mercado aprendiendo que la prevalencia política no es suficiente para disponer de empleo y altos salarios, ni tampoco es garantía de igualdad social, por que la desigualdad se ha acentuado, existe un fuerte desempleo y baja de ingresos. Es decir el poder gremial todo lo podía en la Argentina rica de fines de la guerra, con inmensas reservas, pero nada puede en una economía empobrecida.
Así en los últimos años el protagonismo no lo han tenido ni la inmigración ni la clase obrera, sino los grupos económicos que han vuelto a tomar la administración de los sectores mas importantes de la economía y la clase política.
La primera desde una posición dominante han determinado la suerte del proceso económico cometiendo el error de no tener una visión nacional como base de su visión comercial, por lo cual se lanzaron a una maximización de sus rentas sin reconocer los límites que tenía el mercado, para pagar altos intereses y tarifas, lo que produjo un resultado fuertemente negativo incluso para sus mismos autores. Debieron saber que la economía argentina no podía soportar niveles de tarifas y de tasas de interés muy superiores a las de Europa y los EEUU y mantenerse competitiva y en crecimiento. Tampoco podía soportar una sobrevaluación monetaria que dificulta las exportaciones y abre el mercado interno a una competencia desleal proveniente del exterior. Este es el sentido general de la crítica de Paul O`Neill Secretario del Tesoro de los EEUU, referida específicamente a los bancos que han financiado al Gobierno argentino a tasas muy elevadas. Esta falta de responsabilidad de las grandes empresas es la causante en gran medida de la crisis actual y la crisis les ha producido una pérdida en su capital accionario que ronda entre el 50 % y el 70 %, solamente en el último año.
También incurrió en un gran error la clase política al aumentar el gasto público un 40 % por encima del crecimiento del producto en la década del noventa sin operar la modernización del Estado con lo cual la sociedad tuvo un mayor costo fiscal sin la contraprestación de mejores servicios. La reforma que necesitaba la Argentina no era solamente la privatización de las empresas públicas y la estabilidad monetaria máxime cuando se realizaron con grandes errores y con sobrevaluación monetaria.
La clase política comenzó a recoger las consecuencias de su conducta en las elecciones del 12 de octubre del corriente año, en la cual el 40 % del padrón no votó - siendo obligatorio el voto - o lo hizo en contra del sistema de los partidos. Por lo menos se duplicaron los resultados de las elecciones anteriores. Esto equivale a una protesta de más de 5 millones de electores contra el sistema.
Los errores comentados de la clase política y empresaria actual son fallas culturales y sectoriales graves que tarde o temprano llevaran a su sustitución por vía electoral o por las asambleas de accionistas.
Así llegamos al final del proceso iniciado a principios de siglo por la república democrática en la cual la nota común de todas sus etapas fueron las turbulencias originadas por las luchas de prevalencia de tres grandes sectores civiles, de la cual forman parte las intervenciones militares, que adhirieron a uno u otro sector civil, y terminaron con los errores también cometidos por su falta de visión nacional por la clase política y la alta clase empresaria.
Es la oportunidad para todos reconozcan sus responsabilidades, las enmienden sin dejar de proteger sus intereses, pero encuadrándolos dentro una visión nacional que los compatibilice, complementado con un conjunto de propuestas concretas que conformen la nueva política.

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